jueves, 7 de agosto de 2008

Los don Juan del hi5...

Las chicas guapas que cuelgan sus fotos en el hi5 ejercitan la vanidad que hasta antes de la invención de esta herramienta parida en el cyber-espacio, lucían con paseos coquetos por las calles a la espera que un piropo aterrice sobre ellas. Son muchas, incontables para ser precisos, las muchachas que espontáneamente cuelgan sus retratos con prendas diminutas, que los chicos alborotados quisieran desaparezcan. Son ellas mismas quienes reciben los comentarios de los inquietos chicos, y se burlan en silencio de las babosadas que escriben.
Los jóvenes se transforman en dedicados poetas con el único afán de ligarse a la chica que se trague el cuento de los engañosos piropos. Pero lo que ellos no calculan es que ellas los leen para mantener el ego o para alimentarlo, pero en ningún escenario posible, para responderles y menos, acordar una cita a ciegas.
Algunos alucinados creen que las flacas de otros países o provincia lejana de su país, van a dejar su vida para tomar un bus, un avión o montarse en una bicicleta y encontrarse con ellos en el lugar donde muy ingenuos las esperan. Otros tantos, alucinan que por ser el galán del barrio, pueden dejarle -entre el bla bla bla de los comentarios- la dirección de su Messenger en hotmail, para que ella automáticamente los agregue y puedan chatear amenamente hasta que ceda a sus encantos cybernéticos.
Cada vez que repaso el hi5 para meter mi nariz en la vida de mis amigos, y de los amigos de mis amigos, encuentro al menos algo distinto. Descubro que Alex -el desempleado eterno- consiguió trabajo, que Marcela está embarazada, que el ex paliducho de Cristian engordó. Pero confirmo además que el hi5 ha despertado en muchos la afición por fotografiarse, aunque algunos, no pocos, no sean fotogénicos.
En el incansable intento por afanar a una chica usando como cómplice al hi5, podrás bombardearlas con halagos creativos u otros que remeden versos arrancados de un poema. Pero casi siempre perderás. Es mínima la posibilidad que anotes cien puntos a través del hi5 cuando tu única meta es ¿enamorarte?.
Aunque el hi5 tiene múltiples utilidades -como almacenar fotos que antes guardabas en el clásico álbum familiar- la que más rescató es permitir mantener contacto con quienes estimas, quieres o amas, y no están a tu lado. Para no perderle el rastro a tu hermano, primo, amigo, enamorada o ex enamorado, tienes al hi5 como aliado. El hi5 no te traicionará aunque lo torturen o bloqueen, pues abraza tu legítima intención de verlos sonreír, porque difícilmente te muestre alguna cara triste.Brindemos porque alguien en algún momento de ocio, inventó el hi5. Pero brindemos además porque nos regala chicas guapas, amigos extraviados y porque nos permite ahorrar en el tiempo nuestra propia vida, hecha fotografía.

domingo, 27 de julio de 2008

Llamada inesperada

Me sorprendió cuando oí la voz de Vianney hablarme al celular. No es que no quisiera hablar con ella, pero entre las posibles llamadas que esperaba ayer, la suya no se encontraba entre las alternativas. Vianny, como solía llamarla durante el tiempo que fuimos enamorados, desaparece y aparece repentinamente de mi vida. Por lo general nuestros encuentros no son planeados, sólo se dan, rompiendo indistintamente la rutina de ambos. El intervalo entre cada encuentro es en promedio de seis meses; es decir, en el mejor de los casos nos vemos dos veces al año.
En esta ocasión, a diferencia de algunas otras en que hablé con Vianny, debo dejar en claro aunque parezca tonto repetirlo, que me sorprendió su llamada. Y es que la flaca, de andar pausado, casi nunca tomó la iniciativa, esperaba que nos encontráramos en el cumpleaños de algún amigo en común, en un velorio, en la combi, en la universidad, o en misa, cuando aún íbamos (ahora no lo hago, ella tampoco).
Lo último que supe de la flaca fue que ingresó a la Escuela de Sub Oficiales de la Policía. La decepción que compró al estudiar Educación Matemática, la ayudó a hacer cálculos y mudarse de un aula de clase a un puesto policial. Aunque traté de entender su decisión, me parecía una locura tirar al tacho de basura cinco años en la universidad y otros veinticuatro meses luchando por conseguir el título profesional.
¿Podemos vernos?, me preguntó en caleta en medio de una frase motivadora. Y fue en ese momento que quedé boquiabierto. La flaca tímida, aquella que huía a los encuentros cercanos, me había pedido vernos. Supuse entonces que convivir con la policía la hizo ver con otros ojos esta vida, la misma que la hizo sufrir, la vida que lloró porque yo lo quise así.
Recuerdo haber estado enamorado de Vianny, o al menos así lo creía a los dieciséis años. Que ella me dijera que aún estaba enamorada de su ex, pese a que chapaba conmigo y acariciaba mi corazón embobado, hizo que me alejara de ella, y que empezara a congelar aquel sentimiento. En realidad fue ella quien se alejó de mí, me choteó, me dijo que no quería volver a verme porque su corazón era de otro, y no mío.
Luego, muy luego, cuando aún creía estar enamorado de la flaca, le propuse volver. Para entonces, ella había disipado sus dudas sobre el tipo que creó el conflicto entre nosotros. Me dijo, y le creí, que ya no lo amaba, y que “podíamos intentarlo”. Atraqué.
El tiempo pasó y los chapes regresaron. Caminábamos tomados de la mano, lejos de cualquier amago malicioso, de esos que luego aluciné pudieron pasar entre ella y yo. Cuando descubrí que mi esfuerzo porque ella se enamorara de mí había fracasado, decidí cortar la relación. Emparejamos el marcador: ya estábamos uno a uno en la pichanga de cortar relaciones.
Para cuando retomamos la relación, ambos ya cursábamos estudios en la misma universidad, pero en diferentes carreras. Fue un aula de la universidad el lugar que involuntariamente sirvió para decirle adiós, y en el que ella increíblemente me pidiera que no la dejara, que se había enamorado de mí, y que la disculpara si por timidez o por tonta, no me decía “te amo” como evidencia de su sentimiento, aquel que ocultaba.
Preferí no alargar la relación, pese a sus lágrimas. “Lo haces por vengarte, te entiendo”, recuerdo con nostalgia que me dijo la flaca. Y es que cuando ella me cortó, lloré como loco, mis diecisiete años no me servían para sortear esta embestida del amor. Ella supo que lloré, y cuando lloró en el aula de la universidad, sintió que aquella era mi venganza, creyó distante a la verdad, que había planeado enamorarla para luego despreciarla, cuando en realidad corté la relación, convencido que ella jugaba conmigo.
La confusión sembrada por nosotros entre nosotros, nos distanció. Algún tiempo después, no recuerdo cuánto, nos encontramos, charlamos, nos besamos y volvimos. En este trajín andamos casi dos meses, luego cortamos y retomamos la relación por cuarta vez en un manotazo de ahogado, que no entiendo por qué acepté. Decepcionado de mi mismo y de la torpeza de Vianny de querer forzar la relación, es que puse hielo entre nosotros.
“...Soy yo quien te deja, pero no porque no te ame”, decía una de las últimas líneas de una carta que me envió. En ese papel decorado con rosas dibujadas con lapicero, la flaca me decía que su corazón no le perdonaba amarme y no ser amado. “Y por eso te dejo libre mi amor”, sentenciaba la carta que firmó con un estremecedor cariño, que aún recuerdo, y que recordé con esta llamada telefónica que ha motivado este nuevo post.
Ojalá y hayan llegado a esta línea. Ojalá y no crean que mi historia tiene que ser la suya. Ojalá y no se convenzan que un amor no puede ser rescatado. Ojalá y Vianney sea feliz como espero serlo yo. Quedé en llamarla antes de internarse a la chamba. Ojalá pueda...

jueves, 17 de julio de 2008

Le quedó grande...

CON VERGUENZA DEBO ACLARAR QUE EL SIGUIENTE TEXTO NO ME PERTENECE. ES DE UN FLACO LOCO Y MELENUDO CON QUIEN COMPARTIMOS EL GRATO PLACER DE ESCRIBIR. HACE ALGÚN TIEMPO ME ENVÍO UN EMAIL CON EL TEXTO QUE AHORA LEERÁN. DISFRUTÉNDOLO, ESTÁ DELICIOSO...
El alcalde chiquito quiere ser grande. Cree que puede llegar a ser presidente porque ha llegado a ser congresista, alcalde de la ciudad y, porque seguramente lee a Cohelo, cree que lo que sin duda le toca es ponerse la banda presidencial en unos años. El alcalde chiquito es un soñador. Hay que despertarlo pronto.
El alcalde chiquito habla gracioso. No dice sí o no, sino todo lo contrario. Dice que no dijo lo que dijo o que lo que dijo lo dijo por decir, lo más probable es que quién sabe. Al alcalde chiquito se le respeta.
El alcalde chiquito tiene dos colores preferidos: el rojo y el azul. Va coloreando la ciudad como un niño va rayando las paredes de su casa. El alcalde chiquito no sabe que Trujillo no es su casa, que es un inquilino nomás. Pinta postes “rojiazules” por doquier, intentó ponerle sus colores al escudo de la ciudad y cambiarle el color al palacio municipal. Si al alcalde chiquito le gusta tanto el rojo y el azul ¿por qué no se alquila un disfraz del hombre araña talla S?
Pero no hay que ser injustos con el alcalde chiquito. El alcalde chiquito “ha hecho plata”, tiene una universidad y un colegio y un canal de televisión y hartos “admiradores”. La universidad del alcalde chiquito, que no es roja ni es azul, lo tiene por todo lados. Su foto “presidencial” se multiplica en las oficinas. Yo también quiero ser vallejiano.
El alcalde chiquito se cree líder, convoca mítines y manifestaciones. Aún no le han dicho sus asesores que los estudiantes de su universidad no son tantos, y que los trabajadores de su casa de estudios son menos. Alcalde chiquito regáleme una gorra, un polito, ya pues.
El alcalde chiquito le “ha parado el macho” al presidente. Lo ha retado a venir a Trujillo. El presidente ha venido a Trujillo y el alcalde, chiquito, le ha dicho que es irresponsable por venir a Trujillo. El alcalde chiquito quiere más Canon, le dan Canon y quiere más presupuesto. ¿Qué será lo que quiere el alcalde chiquito?
Yo quería que gane el candidato chiquito, pero no me gustaba el candidato chiquito. El candidato se convirtió en alcalde y todos celebramos, ya no queríamos ser gobernados por el partido tradicional, ya no queremos.
El alcalde chiquito debe pensar que lo odio, que este es un complot y que seguramente alguien me ha pagado por listarlo así, tan irresponsablemente. El alcalde chiquito cree que todo se soluciona con dinero, perdón, también con becas de estudio. El alcalde chiquito es el abogado de los pobres.
El alcalde chiquito es chiquito. Al alcalde chiquito, el cargo le quedó grande.

domingo, 29 de junio de 2008

Podrías ser tú...

Las arrugas en su piel son medallas de sabiduría. Triunfaron sobre el tiempo, sin embargo recibieron por recompensa el olvido de quienes en tiempos mozos celebraban un amor que ahora profesan a la distancia, entre la vergüenza y el silencio.
Son padres sin hijos, abuelos sin nietos, hermanos sin hermanos. Son ochenta y cinco los ancianos que descansan en el asilo San José de Chiclayo. Ellos a diferencia de nosotros que ingresamos al albergue luego que Sor Justina nos abriera la puerta, ingresaron debido a la indiferencia de su familia que los acomodó en un espacio del asilo.
Durante la hora que nos permitieron compartirla con los ancianos, ellos no disimularon la pena porque sus días se acercan al último adiós, y sus seres -en teoría- queridos siguen como no habidos, como espantados.
Don José Saavedra Medina nos cuenta que casi siempre los acompaña la soledad y cuando no, se acompañan entre ellos, sumergidos en conversaciones añejas, de aquellos años en los que dominaban el mundo con la fuerza que perdieron al comprar arrugas. A este anciano de nueve décadas de vida lo encontramos mientras limpiaba uno de los ambientes de esta casa, su casa desde hace seis años. Dice que tomó la escoba y el recogedor para ayudar a las hermanitas y sentirse útil, pues entiende que sus nueve hijos decidieron internarlo en el asilo por considerarlo incapaz
Al despedimos el abuelito Pepe nos entrega su mano derecha y una frase. Mientras sentimos que la mano tiembla por el parkinson que lo aqueja, le oímos decir que “todo cristiano tiene familia”, y de pronto sentimos el temblor interno cuyo epicentro -nos confiesa- en su corazón dolido por sentirse abandonado.
Sabino Maquera es otro anciano con quien charlamos. Aunque preferiría no saberlo, conoce quién lo tomó del brazo desde casa en Pimentel hacia el asilo, y sufre. Es su hijo -uno de los cinco que procreó- quien tiene por costumbre no visitarlo. Recuerda que al llegar a Chiclayo desde su natal Puno, vendía helados para mantener a su familia, esta que ahora lo desatiende.
Seguimos caminando y encontramos a don Lorenzo Cotrina. Es el primero que nos saluda con una sonrisa. Es el primero que nos reta a adivinar su edad y nos derrota. Mientras celebra su triunfo, nos revela haber cumplido 76 años en este 2008 que en seis meses se despedirá como se despidieron sus hijos que ahora viven en Motupe, cerca de la Cruz de Chalpón a la que reza diariamente por no dejar de sonreír.
Con Miguel nos despedimos de los abuelitos con el deseo que se derrita el corazón congelado de los hijos que quisieron quedarse sin padres, los nietos sin abuelos y los hermanos sin hermanos.

martes, 24 de junio de 2008

Amor eterno?

Hasta hace algún tiempo, poco antes de perderle el rastro, ella le decía a él: te amo. Ayer revisé su hi5, chequé sus fotos y seguía igual de guapa como hace algunos años, pero las palabras de amor que solía oír o leer ya no tenía como destino a mi amigo. Ella, quien también es mi amiga, le decía -en los comentarios del hi5- “te amo” a alguien que nunca había visto, un tipo desconocido, que evidentemente había reemplazado al choche.
No quiero jugar con palabras por mi ánimo absurdo de ocultar la identidad de mis amigos, pero jamás imaginé que ellos terminaran su relación que incluso supuse (¡qué tonto!) terminaría en boda. Podía imaginarme que el día sería noche, que los animales hablarían como en los dibujos animados, que Chávez abrazaría a Bush, que Fidel supla a Benedicto, o que pueda escribir tan igual de bien como Renato Cisneros, pero nunca (lean bien: nunca) que mis amigos se dirían adiós, y menos que saltaran del amor al odio.
Recuerdo el día cuando cada uno por su lado me dijo que había soñado con el otro. Aquella coincidencia me hizo presagiar que el amor sembrado entre ellos cosecharía indudablemente amor. Pero a la larga me equivoqué. Claro, me enteré recién hace poco en un paseo cibernético.
El pánico despertó en mí luego de leer comentarios desbordados de amor, después de repasar de un extremo a otro, frases cariñosas que escondían deseos nocturnos. No concebía que ella ya no lo amara, no entendía por qué él tampoco la amaba. Me pregunté entonces si el amor es en verdad eterno, si las promesas de luchar contra la adversidad rompen nuestros propios miedos, y si la fuerza del corazón no fallece tras un beso.
Coincidentemente después de checar el hi5 de ella, me encontré en el Messenger a quien en un pasado cercano le robaba el sueño. Apareció como si ellos, sin proponérselo, quisieran decirme que ciertamente el amor no es eterno, que es asesinado o se suicida impotente por la mierda que no derrotó.
Él me confesó que se mandaron al carajo, pero no detalló los motivos que los alejó. Tampoco se los pregunté, pues caminaba hacia un ineludible coma clínico. Luego me dijo que aquella fue la mejor decisión que tomó en su vida, que es feliz por haberse separado de la mujer que decía amar, y que públicamente se declaró enemigo de su ex compañera, la misma que lo envolvía entre sus brazos mientras hacían el amor.
Cómo garantizar entonces que el amor no se desvanecerá, cómo tener la certeza que el amor nos acompañará siempre, cómo no suponer que este caso es sólo uno de miles, y que el nuestro puede ser el siguiente.

domingo, 22 de junio de 2008

Busco consuelo

Sé -porque aunque parezca tonto, no lo soy- que la vida tiene por mal hábito regalarte decepciones, pero cuando estas son amorosas, la fuerza para recuperarte por el mal paso, es muy poca ante la arremetida de recuerdos que te bombardean el corazón y el alma. Sé también que este mal rato es temporal, durará el tiempo que quiera; pero mientras interiorizamos que nuestra vida no termina tras un adiós, dedicaremos las 25 horas del día, llorando.
Mientras dejo de llorar por una decepción, me gustaría conocer historias anónimas o con nombre propio, donde me cuenten cómo hicieron para mandar al carajo toda la rabia. Escirbo este breve post como una suerte de invitación para quienes sin conocerme o conociéndome, me regalen la fórmula para no estar depre. Ojalá y pronto lea entre los comentarios una historia que calque la mía, y adjunto a esta, la solución al problema, que por ahora me es esquivo.
Hoy y por mucho tiempo no podré brindar por el amor, por el enamoramiento, por los viajes a la luna, a las estrellas o a donde quieran volar abrazados al ser amado. Hoy busco consuelo, espero su ayuda...

jueves, 19 de junio de 2008

Ellas también son floreras...

Quien ama lucha. Quien ama no huye. Quien ama soporta la golpiza que la vida se empeña en darnos cuando nos aventuramos a entregar la vida propia a quien nos roba suspiros, aprieta nuestro corazón e invade nuestras noches, incluso con los ojos cerrados.
En la vida he encontrado a mujeres (no recuerdo cuántas) que por regular tiempo juraban amarme. No reparaban en compartir la función de galán conmigo. Me decían que sacrificarían todo con tal de estar siempre a mi lado. Ese poder de convicción calcado en el discurso de todas las chicas, ciertamente me cegaban, me transformaban en un hombre pensante en un reverendo estúpido que idealizaba a las féminas.
Meses más, meses menos, y hasta años pasaron para que una a una, en diferentes épocas, me dijeran que otro tipo les gustaba, que agarraron con alguien en una fiesta o que de pronto amanecieron iluminadas y descubrieron que el amor se esfumó. Pero no sólo me convertí en cornudo repetidas veces, sino que pague caro mi estupidez. Creer en las palabras de las féminas floreras me regalaron algunas noches de lágrimas, y otras de arrepentimientos.
Con el tiempo entendí que de nada valía reprocharme la torpeza mía de creer en las palabras de una mujer. Y aunque son ellas, quienes dicen que son los hombres, quienes abusan de su género, he topado con algunas opositoras a esta maltrecha hipótesis.
Con el correr de los días, y después de sentirte morir, comprendes que de amor nadie se muere, como diría el improvisado filósofo y excelente canta autor Gianmarco. Pero además entiendes que ninguna de ellas te amo, como solían gritarlo en silencio, entre las paredes de una habitación, frente a sus papis con quienes cenamos, o con los amigos que seguramente se habrán burlado de ti cuando se enteraron que ella te dejó vestido y alborotado.
Existe una teoría callejera que quisieron forzarla en las estadísticas científicas que por cada hombre existen cinco mujeres en espera de ser conquistadas. Supongo que agoté mis posibilidades, atreviéndome incluso a excederme. Y quizás por eso, tenga que resignarme a mirar la espalda del amor. Pero lo cierto es que ninguna, absolutamente ninguna, me amo, porque fugó... CONTINUARÁ